José Ramirez
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La batería doméstica se suele valorar comparando lo que cuesta cargarla por la noche con lo que se paga por importar de día. Pero esa cuenta cambia bastante si hay excedentes fotovoltaicos que ya se compensan en factura, y también si la potencia de carga o descarga queda limitada por el inversor. No basta con mirar el precio de compra y el de venta.
Hay dos criterios que me parecen fáciles de mezclar. Uno es el ahorro anual sobre energía, contando pérdidas de carga y descarga y la degradación. Otro es el valor de poder desplazar consumo en horas concretas, que depende de la tarifa y de cómo se reparta el consumo real. Una batería grande puede dar más autonomía y, aun así, pasar muchas horas casi vacía o llena.
También está la parte menos vistosa del cálculo, qué tratamiento reciben los excedentes y si la batería puede cargarse desde red sin empeorar las condiciones de compensación. Ahí cambian las cuentas entre instalaciones y contratos. Me interesa ver qué método usa la gente para comparar escenarios, sobre todo cómo mete las pérdidas y los ciclos parciales sin vender una amortización demasiado limpia.
Hay dos criterios que me parecen fáciles de mezclar. Uno es el ahorro anual sobre energía, contando pérdidas de carga y descarga y la degradación. Otro es el valor de poder desplazar consumo en horas concretas, que depende de la tarifa y de cómo se reparta el consumo real. Una batería grande puede dar más autonomía y, aun así, pasar muchas horas casi vacía o llena.
También está la parte menos vistosa del cálculo, qué tratamiento reciben los excedentes y si la batería puede cargarse desde red sin empeorar las condiciones de compensación. Ahí cambian las cuentas entre instalaciones y contratos. Me interesa ver qué método usa la gente para comparar escenarios, sobre todo cómo mete las pérdidas y los ciclos parciales sin vender una amortización demasiado limpia.